Llevo tiempo tratando de entender qué empuja a la gente a buscar la diferencia. Qué necesidad tenemos de etiquetar como raro o normal a un conocido. O a un extraño.
En este mundo mental en el que vivimos, entenderlo todo es vital para nuestro bienestar. Nos tranquiliza. Aquello que no comprendemos se convierte en una amenaza. Necesitamos la seguridad de lo conocido y ya experimentado. Buscamos rodearnos de gente como nosotros.
Vemos la diferencia con temor. Y la criticamos para reforzar nuestras convicciones. El otro es raro y yo soy normal. ¡Buf, qué alivio!
Miedo al cambio. A lo nuevo. A aceptar a cada persona como es, en su diferencia. Que es algo que enriquece.
La diferencia. Porque hay infinitas formas de hacer las cosas bien.
Porque deberíamos esforzarnos en ver lo raro como normal.
Chocolat (2000) de Lass Hallström.
Deliciosa banda sonora Rachel Portman – Chocolat – Original Motion Picture Soundtrack, encabezada por Minor Swing de ese gitano francés al que se refería el protagonista de Acordes y Desacuerdos (1999) de Woody Allen y que no era otro que el gran Django Reinhardt.
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